¿Defendiendo la naturaleza?

14 05 2008

El Perú ya tiene Ministerio de Medio Ambiente. Desde ya, esta es una gran noticia para el país, a pesar de que las discusiones sobre cuáles serán los atributos y límites en el accionar de esta nueva cartera están pendientes. 

La semana escogida para promulgar la ley de su creación no podía ser más apropiada. La venida a Lima de jefes de Estado, y funcionarios de gobierno de más de 47 países del mundo para participar en la V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE), ha sido bien aprovechada por el gobierno peruano para brindar una imagen de lucha seria y firme contra la contaminación ambiental. 

Pero, ¿sabrán estos ilustres visitantes que recorrían las vías de la Ciudad de los Reyes que sus pulmones estaban recibiendo miles y miles de micropartículas provenientes de vehículos diesel? Más aún, ¿habrán sido informados de que dicha contaminación es impulsada por el mismo gobierno que los recibió con amabilidad y los agasajó con todo el respeto y cordialidad que, por cierto, se merecían? No, no creo que sepan. 

Pues resulta que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) emitió, recientemente, un decreto supremo que rebaja el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a los principales combustibles, entre ellos el diesel: el de mayor consumo en el país pero, lamentablemente, también el más contaminante de todos. 

El DS-037-2008, del 7 de marzo pasado, ordena reducir el ISC al diesel, de S./ 1.39 a S./ 0.99 el galón. Si bien, con esta rebaja se buscaba enfrentar a la inflación, al mismo tiempo significó un gran impulso al consumo de este combustible lo que conlleva al empeoramiento del aire que respiramos día a día. 

El asunto cobra mayor gravedad por estos días en que se desarrolla la Cumbre ALC-UE, habida cuenta de que la política tributaria aplicada por buena parte de los países europeos se centra en el principio de “quien más contamina, más paga”. Pero aquí, por una serie de circunstancias, las cosas se hacen al revés, o sea: “quien más contamina, menos paga”. 

Todo esto empezó en buenos términos en 2006, con la aprobación de la Ley 28694, que promocionaba los combustibles “limpios”, elevando el ISC a aquellos combustibles que más contaminasen; vale decir, el gasoil o diesel. A dicha medida se sumó otra en la que el MEF elaboró un Índice de Nocividad Relativa, el cual establecía un cronograma que aumentaba paulatinamente, hasta el 2106, los impuestos a los combustibles que más contaminación generaban. 

Sin embargo, con el decreto del 7 de marzo pasado, el MEF se disparó a ambos pies: la primera bala puso en retroceso la promoción de los combustibles limpios; en tanto que la segunda significó el fin del cronograma que aumentaba año a año el ISC al diesel. 

En ambos casos, los que pagamos los platos rotos somos los ciudadanos que debemos desplazarnos por esta Lima llena de trancas, huecos y atolladeros en todas partes; ya que respiraremos más humo de los vehículos que, por su bajo precio, preferirán consumir diesel a otros combustibles más limpios. 

Las advertencias sobre las serias consecuencias que puede generar en el ser humano la contaminación con diesel no solo provienen de distintas ONG sino del propio Banco Mundial (BM). En uno de sus más recientes informes, el BM señala que “esta contaminación (con diesel) acarrea costos equivalentes al 0.9% del PBI, siendo los más perjudicados los ciudadanos de los sectores más empobrecidos”. 

Asimismo, dos estudios publicados en diciembre de 2007 por The New England Journal of Medicine señalan que la exposición a las micropartículas de azufre generadas por vehículos diesel contribuye a que los asmáticos empeoren su condición y que la capacidad pulmonar del ser humano envejezca más de lo normal. 

El MEF sostiene que se vio forzado a rebajar el ISC al diesel para contener la inflación que se estaba disparando. Como sabemos, la inflación es un espectro que le quita el sueño a nuestro primer mandatario y le trae muy malos recuerdos de su primera y desastrosa gestión. 

Me pregunto si es que no se produjo una llamada desde Palacio de Gobierno hasta la cómoda oficina del titular de Economía, exigiéndole, en nombre de la democracia, que hiciera todo lo posible para evitar que la tendencia inflacionaria siga aumentando, en perjuicio de su popularidad. Vaya uno a saber. 

En todo caso, se reconoce la puesta en marcha del Ministerio de Medio Ambiente, con todos los defectos y carencias que en el camino podrán rectificarse de modo que sus funciones queden bien delimitadas. Pero mejor sería que, más allá de ceremonias y discursos, la lucha contra la contaminación ambiental tenga un único norte y no se la deje de lado para favorecer a ciertos grupos de poder e ir en contra de la salud de la población. 

*Según cifras del Consejo Nacional de Ambiente (CONAM), en Lima respiramos entre 5,000 y 10,000 partículas de azufre que generan los vehículos a diesel. El límite permitido en el ámbito mundial es de 50 a 350 partículas por millón.