Trabajando duro como chino

28 04 2008

Si la causa tibetana despertó  el interés de la prensa mundial, un  tema que no se aborda en profundidad es el duro régimen laboral que padecen millones de ciudadanos chinos y de otras naciones asiáticas, que se dedican, sobre todo, a la fabricación de artículos deportivos.

 

De acuerdo con un reciente informe de la Campaña Playfair 2008*, publicado el pasado 21 de abril, los trabajadores y trabajadoras de las empresas internacionales dedicadas a la comercialización de artículos deportivos y que se encuentran asentadas en algunos países de Asia, laboran una cantidad de horas excesivas a cambio de salarios que no les permiten vivir de una manera adecuada.  

 

Sobre la base de entrevistas realizadas a unos 300 trabajadores (hombres y mujeres) en China, India, Tailandia e Indonesia; la violación de los derechos laborales sigue siendo la regla en la industria de artículos deportivos.    

 

El informe señala, por ejemplo, que muchos trabajadores oriundos de estos países que fabrican artículos para marcas como Adidas, Asics, New Balance, Nike y Puma siguen percibiendo salarios miserables; a contraparte de las ganancias que están obteniendo dichas empresas y que se cuentan en miles de millones de dólares, tal como se aprecia en el siguiente gráfico.      

 

Fuente: Playfair 2008       

 

El documento consigna, además, varios testimonios de estos empleados. Uno de ellos labora en la fábrica de producción de calzado deportivo Yue Yuen**, en Donggua (China), y que abastece a la transnacional New Balance. En una pausa de sus labores, el trabajador confesó “estar muerto de cansancio, pues, junto a otro colega, tenían que pegar 120 pares de zapatos por hora, y que trabajaban sin parar y con el temor de no trabajar bastante rápido para abastecer de suelas a la siguiente línea de producción”.

 

Otro obrero que labora en la fábrica Joyful Long, ubicada en el delta del río Peral (China), y que provee a empresas como Adidas, Nike, Umbro y Fila, menciona que solo las horas extras de labores pueden alcanzar hasta 232 horas al mes, mientras que sus salarios representan la mitad del mínimo legal.   

 

Pero estas denuncias sobre maltrato laboral no son recientes.

 

Un anterior informe de Playfair denunció, públicamente, que varios proveedores olímpicos estaban empleando mano de obra infantil y que muchos de sus trabajadores no contaban con un contrato formal. El escándalo fue de tal magnitud que el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 (BOCOG) anuló el contrato de manufactura y venta de productos con licencia olímpica con la firma Le Kit Stationery Co. Ltd.

 

Pero Le Kit no fue la única que recibió castigo. Después de que una investigación demostrara que sus trabajadores hacían horas extras sin recibir ni un cobre, el BOCOG rompió lazos comerciales con otras tres empresas: Eagle Leather Products, Yue Wing Cheong Light Products y Mainland Headwear Holdings Ltd.; las tres ubicadas en la provincia meridional china de Cantón.

 

Sin embargo, pese a estas medidas, las denuncias sobre abusos laborales en el país milenario han continuado saliendo a la luz.

 

En marzo pasado, la organización Human Rights Watch (HRW) emitió un informe titulado Un año de mi sangre; en el cual se denunciaba la naturaleza discriminatoria del sistema comunista chino de registro civil o Hukou.

 

Según HRW, los trabajadores que no son oriundos de Pekín están impedidos de inscribirse en el Hukou y, por lo tanto, no gozan de los beneficios de la seguridad social. La cuestión es más grave si se tiene en cuenta que el 90% de la fuerza laboral en el sector de la construcción en la capital china lo conforman cerca de un millón de chinos procedentes de otras zonas del país. Dichos trabajadores están ocupados en la construcción de las infraestructuras relacionadas con la celebración de los Juegos Olímpicos. 

 

HRW asegura que, a menudo, los empresarios pagan a los trabajadores un salario menor al mínimo legal e, incluso, evitan ofrecer retribución alguna durante meses y no firman contratos o seguros médicos y de accidentes.  

 

Sobre este espinoso tema, el Comité Olímpico Internacional (COI) no ha declarado oficialmente un compromiso concreto, pese a las reuniones que ha sostenido con representantes de la Campaña Playfair.

 

Sin duda, los cambios políticos, sociales, pero sobre todo, económicos, experimentados en China en los últimos treinta años, han beneficiado a gran parte de su población. Ese crecimiento acelerado la ha convertido en, algo así como, el nuevo rico del barrio, lo que ha ocasionado que muchas potencias mundiales desvíen sus miradas hacia otro lado, y, así, evitar toparse con una dura realidad que atenta contra los derechos laborales y humanos de miles de obreros y obreras de la nación más poblada de la Tierra.

 

 

 

 

 

 

 

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